Lo mejor del domingo
Los domingos tienen algo mágico que los hacen diferentes, no solo de los días laborales, incluso de los sábados, que tampoco trabajo.
Aquí en la piña los vivimos con mucha alegría. Lo primero es que los sábados, Bob Esponja y Patricio se despiertan más tarde. O sea, de normal se despiertan a las 8:00, los domingos... a las 8:30, jajaja. Son como un reloj, y yo que soy un pirata con muchos siglos de vida y que se acuesta tarde para poder asustar con su barco fantasma, suplico algo más de sueño. Pero Bob Esponja y Patricio no tienen compasión, y vienen a mi camarote y se lanzan sobre mi, "¡al montonet!", chillan mientras mi barriga soporta los 33 kilos que pesan entre los dos. Por lo menos, me ayudan al vientre plano, jejeje.
Mi venganza es terrible: les agarro a cada uno con un brazo y les hago un ataque de besos y cosquillas. Mientras se tronchan de la risa, Bob Esponja siempre trata de escapar, y Patricio suplica "¡ya basta!". Se acuestan a mi lado para recuperar el aliento, y de nuevo vienen a atacar. El único efecto secundario es que las sábanas acaban hechas un gurruño, pero eso es solucionable.
Con una sonrisa de oreja a oreja, Bob Esponja, Patricio y El Holandés Errante (quien os escribe), bajan a desayunar churros. Ayer, por ejemplo, Bob Esponja se comió 4 churros finos y 2 porras; Patricio, 4 churros finos y media porra; y como a los fantasmas también nos gustan los churros, yo me comí 4 porras.
Fuimos después al parque, a comer paella a casa de Yayo y Yaya Esponja, y por último, a casa de Arenita para pasar allí la noche. Otro domingo más tan especial como todos los demás, acabado con una sonrisa enorme a pesar de hacerlo yo solo en la piña. Pero aprovecho la noche para asustar con mi barco fantasma, tened cuidado que el Holandés Errante es temible, jajaja.